Hemos entrado en la recta final del proceso electoral. Será una nueva cita con una democracia debilitada por el desprestigio de la clase política. En el camino han surgido muchas controversias y jugadas de líderes y dirigentes rancios acostumbrados a malas prácticas, han sido pronunciados discursos llenos de diatribas, hay estira y encoge en los organismos comiciales y varios juegos de los politiqueros que han contaminado la independencia de los Poderes del Estado. En el Congreso Nacional ha habido una especie de “complot”, lo que se deduce por la tardanza con que fue aprobado el presupuesto del Consejo Electoral y las trabas colocadas para el financiamiento de la Unidad de Política Limpia. Objeto de sospechas han sido la adjudicación de los programas de Transmisión de Datos Preliminares y de los dispositivos para la lectura de datos biométricos y la toma de huellas digitales, lo mismo que la controversial contratación de la imprenta que se encargará de la impresión de las papeletas. Al cabo, estos asuntos han sido históricamente la manzana de la discordia. Lo que hay que poner bajo la lupa es el contenido de la propaganda, lo que hay que analizar son las propuestas de los aspirantes y lo que hay que “desmenuzar” es la capacidad de los candidatos de dar respuesta a los grandes problemas de Honduras. Nuestro país atraviesa por una nueva coyuntura, enfrenta riesgos que se han agigantado y encara amenazas que se han profundizado por las medidas de geopolítica adoptadas por Estados Unidos. Nuestra economía está en declive, las finanzas entraron en desajuste, las exportaciones están anémicas. En general, el país tiene un aparato productivo estéril. Honduras está frente a un vendaval provocado por una drástica política migratoria y de restricciones comerciales impuestas por el régimen del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Con mucha pena debemos reconocer que nuestras autoridades gubernamentales han mostrado incapacidad para ofrecer un programa de atención integral a nuestros compatriotas expulsados del norte y para plantear soluciones a nuestros problemas estructurales. Y los aspirantes a cargos de elección popular están enfrascados en cuestiones ideológicas, en peleas demagógicas y en episodios llenos de odio. Hasta ahora, han escapado al debate de ideas para construir un plan de nación para el progreso. La esperanza está en el poder de decisión y en el hecho de que el voto de cada hondureño cuenta. Identificados con la defensa de la democracia, en HRN, la emisora líder de la radiodifusión, la de mayor influencia y credibilidad, hemos iniciado un diálogo con los precandidatos a la Presidencia y con los aspirantes a la Alcaldía de las principales ciudades del país, para tomarles el pulso y para contribuir con responsabilidad al fortalecimiento de nuestro Estado de Derecho. ¡Es tiempo de abrir paso a una generación de políticos virtuosos y dignos!