El alto costo de la vida golpea a 8 de cada 10 hondureños, mientras la inflación, seguramente el impuesto más temido y grosero, sigue cayendo con más peso sobre 7 de cada 10 ciudadanos.

Las oportunidades para vivir mejor en el país siguen sin distribuirse por igual, y este año, más de dos millones de hogares seguirán subsistiendo con apenas un ingreso per cápita diario, igual o menor, a un dólar americano, como ha venido ocurriendo en las últimas dos décadas.

El crecimiento económico de Honduras, este año, seguirá siendo modesto, en tanto las oportunidades que abre la inversión nacional y extranjera y la creatividad emprendedora, volverán a ser prácticamente reprimidas por los cepos ideológicos y sectarios, los impuestos confiscatorios y las regulaciones fiscales y burocráticas.

La institucionalidad gobernante no habrá aprendido de las lecciones pasadas y el país continuará sin encontrar el camino y la hoja de ruta que conduce al crecimiento con prosperidad.

Entonces, 6 de cada 10 hogares cerrarán el 2024 viviendo en situación de pobreza, y el enfoque multidimensional centrado en la persona humana, en los 270 mil compatriotas que este año se habrán sumado a la población amenazada por la falta de alimentos, seguirá siendo una quimera. 

¿Qué pasó entonces con los planes nacionales de desarrollo centrados en la inclusión y el bienestar social comunitario? ¿En qué momento se nos rompieron los vínculos entre la visión de país enfocada en estrategias nacionales y su aplicación real y efectiva?

Honduras ha continuado pagando un altísimo precio por culpa de la desconexión entre los gobiernos de turno y los habitantes de este país, mientras las desigualdades y falta de oportunidades siguen obligando a unos 700 hondureños a emigrar diariamente a los Estados Unidos, según cifras del Observatorio de Migraciones Internacionales. 

Pero la factura más cara para la sociedad hondureña, a la luz de la experiencia, la pasa la tardía reacción y la indulgente improvisación en la han naufragado todos los gobiernos de turno.

Sin un marco común para identificar fortalezas y trabajar en las debilidades, la implementación de mejores prácticas y políticas públicas para el bienestar colectivo, siguen siendo para los hondureños, eternas promesas incumplidas.

El eterno comportamiento de la rancia clase política que le ha impedido a Honduras, sentar las bases de su despegue económico y desarrollo social.