La especulación en el precio de los principales productos de consumo perfora la economía de las familias hondureñas, particularmente las que viven en la pobreza.
Lo más grave es que las autoridades competentes parecen no tener una línea de acción que permita establecer un balance entre la libertad del mercado, las reglas de la competitividad y el acceso justo de la población a los productos de consumo esencial.
La gran mayoría de la población hondureña tiene serios problemas para cubrir sus necesidades básicas mensuales, debido a que el costo de vida se ha desbordado.
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Al término de septiembre, el índice inflacionario interanual fue de 6.28 por ciento y la acumulada marcó 5,29 por ciento, arriba del rango de tolerancia establecido por el Banco Central de Honduras.
Capacidad de compra
La capacidad de compra de los hondureños se ha reducido entre cinco y seis por ciento, una circunstancia que se ha agravado por el desempleo que alcanza el 7.1 por ciento.
Para cubrir la cesta de alimentos, una familia promedio necesita un ingreso de al menos 15,000 o 17,000 lempiras mensuales. Es toda una “gesta” para los sectores vulnerables que apenas pueden sobrevivir.
En lo que ha transcurrido de 2026, el conjunto de alimentos de primera necesidad ha experimentado un aumento de entre 800 y 1,500 lempiras, ponen de manifiesto estudios de académicos, aunque algunas asociaciones que monitorean los precios de la cesta de alimentos esenciales estiman que su valor se ha elevado hasta los 25,000 lempiras.
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El dinero no alcanza
Estudios especializados muestran que los ingresos que reciben los compatriotas no les alcanza para atender todos sus compromisos. En términos concretos, los salarios o los recursos que generan mensualmente nada más les ajusta para dos semanas o, cuando mucho, para 20 días.
El bolsillo familiar está sumamente presionado por el encarecimiento de los productos de consumo básico que, a su vez, está relacionado con el deslizamiento del lempira frente al dólar y la subida en el costo de los derivados del petróleo.
Como se sabe, alrededor del 60 por ciento de la inflación está empujado, justamente, por la convulsiva variación en el precio de los carburantes.
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El alto costo de vida
Indistintamente del peso que tienen estos factores en el costo de vida, lo que está puesto en evidencia es que la cadena de los intermediarios, los acaparadores y los especuladores han impuesto sus juegos caprichosos en detrimento de los derechos de los consumidores.
Lo penoso es que los funcionarios que están al frente de las dependencias que deben vigilar por funcionamiento ordenado del mercado sean incapaces y se muestren como inválidos frente a la terrible especulación que prima en el mercado nacional.
En nuestro país tienen que imperar la equidad económica y la justicia social sobre un aparato productivo robusto para beneficio de los hondureños que ahora reciben el flagelo de la inflación.
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