Las elecciones penden de un hilo por obra y gracia de los políticos y sus manipulaciones. Las ambiciones particulares son grandes y mezquinas; tanto así, que a esta clase de líderes y dirigentes no les importa que se venga abajo el Estado de derecho y que desfallezca la democracia.
Todo parece indicar que está en marcha el complot de parte de quienes se aferran al poder y quieren permanecer en la conducción del país. También están en proceso las negociaciones entre el oficialismo y la oposición con vistas a intervenir los comicios convocados para noviembre.
Los hechos hablan por sí mismos. La crisis se ha profundizado en el interior del Consejo Nacional Electoral con la decisión de la consejera Ana Paola Hall de poner su cargo a disposición.
Éste es un hecho que se ha dado justo cuando en los pasillos del Congreso Nacional se mencionaba el movimiento de hilos para intervenir el organismo encargado de rectorar y de gestionar los procesos electorales.
El paso al costado de la representante del Partido Liberal ha planteado más preguntas que respuestas y ha sacado a relucir los propósitos oportunistas de nuestros líderes que proclaman su compromiso con la democracia, pero que -en realidad- llevan a cabo una labor de zapa en desmedro de la voluntad del pueblo.
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Detrás de lo que ha ocurrido en el CNE están en juego los cálculos de los partidos, las manipulaciones del Poder Ejecutivo y las presiones ejercidas desde el Congreso Nacional.
También está de por medio la sigilosa intervención de caudillos de los partidos políticos que desde afuera imponen decisiones, mueven las piezas del ajedrez y se apropian de las claves para manejar las negociaciones críticas.
Ha resultado ser un fracaso la apuesta de los hondureños por esta clase política que si por algo toma notoriedad es porque pisotea la voluntad popular, siembra incertidumbre a pocos meses de las elecciones generales, desacredita el proceso de consulta democrática y pone en predicado la institucionalidad.
Al pueblo hondureño de auténtica vocación democrática le toca estar a la expectativa de los juegos que se den en la Cámara Legislativa y de las pláticas que tengan lugar respecto a la integración del Consejo Nacional Electoral en su proporcionalidad partidaria.
A toda costa hay que evitar los juegos antidemocráticos que pongan en precario las elecciones y la alternancia en el poder. Los hondureños rechazamos el autoritarismo, las intenciones de desnaturalizar las prácticas de consulta popular y las conspiraciones palaciegas contra el ordenamiento constitucional.
No debemos darles cabida a los modelos fracasados como los que se han plantado en Nicaragua, Venezuela y Cuba, que sólo generan más pobreza, corrupción y desgracia, y que tanto añoran imponer los “profetas” de la “refundación”.
Defendamos la institucionalidad antes de que los malos hondureños destruyan nuestra democracia.
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