Aun y cuando la educación sea un proceso relevante, y una herramienta, digamos, poderosa, para romper los ciclos de pobreza, exclusión y desigualdad, en Honduras, pareciera, a la luz de la evidencia, que eso no es lo que se ha visto plasmado.
De hecho, que no hayamos empoderado, desde la institucionalidad y las políticas públicas, la educación universal como una prioridad, ha impedido que en el país se hayan podido reducir las desigualdades sociales y la promoción del desarrollo personal y comunitario.
La calidad de la educación, entonces, y el acceso universal a la misma, gratuita y pública, terminaron convirtiéndose en un grave problema, eso sí, para la sociedad en general y para los segmentos intergeneracionales.
Así entonces las cosas, no hemos podido como país dar un salto cualitativo en la educación de nuestra gente. No hemos podido sentar las bases para lograr profundizar en el impacto del aprendizaje en el desarrollo humano sostenible de nuestros niños y jóvenes.
Por eso es que más de un millón de ellos siguieron este año fuera de las aulas de clases. Por eso es que sólo el 15 por ciento de los jóvenes que se gradúan de secundaria logran ingresar a la universidad. Por eso que Honduras tiene una de las coberturas en educación superior más bajas de la región centroamericana.
A lo largo de esta semana, HRN ha seguido ocupándose, como lo hemos hecho siempre, de uno de los asuntos que, como lo decíamos al inicio de nuestra reflexión, pudo haber roto el ciclo de pobreza de nuestra gente.
Es el momento de avanzar hacia la eliminación de todas las barreras y conspiraciones que impiden que los niños y jóvenes de Honduras puedan competir en igualdad de oportunidades.
Ese debe ser el gran desafío del presidente Asfura. No desperdiciar estos cuatro años para sentar los pilares de una estrategia pública que contribuya, en principio, a retener a los niños y jóvenes en las aulas. Romper con esos entornos que provocan el alto abandono escolar que tenemos.
Que no se pierda esta oportunidad de sentar las bases de un proceso que facilite la distribución de los recursos humanos y financieros en el sistema educativo público. Que impulsen la implementación de estrategias y prioridades, que a la vez redunden en el planeamiento, monitoreo y evaluación docente.
Apostar a metodologías innovadoras que rompan las barreras que impiden la educación de calidad en la escuela pública. 'Entrémole ombe'.
Avancemos hacia un sistema educativo público que asegure, pues, el futuro de nuestras generaciones presentes y futuras, que fortalezca mejoras sustanciales y reales en la escuela pública, para que, por fin, la educación universal se vuelva una prioridad en Honduras.
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