En el transcurso de las semanas reciente, hemos escuchado atentamente a los alcaldes de diversas zonas que son severamente golpeados por la falta de lluvias y la pérdida de los cultivos.

Los jefes edilicios han descrito con crudeza la realidad que viven los habitantes de los términos más castigados por el largo período de ausencia de lluvias.

Todos los cultivos del ciclo de primera se han perdidos; no son buenos los pronósticos de la cosecha de postrera; el ganado está pereciendo y las fuentes de agua que se había planificado obtener mediante la perforación de pozos, están agotadas.

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¿Se están entregando las transferencias?

El Gobierno Central ha comenzado a entregar unos 1,100 millones de lempiras como anticipo de las transferencias municipales, a efecto de atender la situación calamitosa que ha traído la sequía, a su vez derivada del fenómeno de El Niño.

Lo que sorprende es la parsimonia en el planteamiento de una estrategia que permita responder a las necesidades de los hondureños que habitan las zonas devastadas por la escasez de agua y de alimentos.

Ha sido tan lenta la reacción de las autoridades gubernamentales, en tal grado que apenas han llegado a convocar a una reunión entre comisiones legislativas con los burócratas encargados de Copeco, Amhon y Agricultura y Ganadería. En este marco, ha sido planificado para el lunes entrante una jornada sobre el tema de la sequía.

¡Qué falta de oportunidad y de diligencia, ¿no?!

Ha sido una costumbre que las autoridades de turno improvisen sus respuestas ante las situaciones de emergencia o que “hagan de las suyas” en plena calamidad.

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En cada uno de esos momentos, ha sido el mismo pueblo el que ha acudido en socorro de su prójimo, mientras los políticos se han dedicado a sacar provecho económico de los tiempos de urgencia.

Ni las autoridades de antes ni las que están en funciones han sido capaces de elaborar y poner en vigencia una estrategia de ajuste al nuevo orden climático que demanda acciones de política púbica y no “juegos proselitistas”.

La emergencia derivada del errático patrón de lluvias no puede ni debe ser enfrentada con la misma visión cortoplacista y de improvisación tal como ha ocurrido desde siempre.

Las autoridades deben tomar medidas

Apremia que las autoridades obligadas para la gestión de crisis adopten medidas para atender las actividades del campo, adaptarnos al calentamiento global y reducir los efectos devastadores de este evento.

Otra vez estamos ante una crisis; al mismo tiempo, se nos presenta la ocasión de aprender a vivir en medio de las alteraciones climáticas, un fenómeno que hasta ahora hemos observado con temeraria indiferencia.

Llegó el tiempo de poner a andar una política de preservación de nuestros recursos naturales y de tomar las providencias del caso para rehabilitar nuestro sistema productivo, que no es más que volver a las raíces de la riqueza: la tierra.

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