Los políticos que se proclaman como los depositarios del poder del pueblo y se ufanan de ser defensores de la democracia, tienen el deber de realizar esfuerzos sinceros por construir puentes de entendimiento y no levantar muros de división ¡Cuánto nos hace falta en Honduras meditar sobre estos principios y reflexionar respecto a la realidad de nuestro país y el futuro que nos depara en medio del estancamiento económico, la convulsión social y la degradación moral de nuestra sociedad! En principio de cuentas, los servidores públicos deben “hacer el bien” sin pausa ni cansancio. Es un imperativo que en nuestro país abunden los funcionarios sensibles ante el dolor de la sociedad, en general; y las necesidades de los pobres, en particular. La clase política tiene que tomar conciencia del papel que le han encomendado las mayorías. “La voz del pueblo, que es la voz de Dios”. A la luz de esta máxima, “bienaventurados sean los servidores públicos que promuevan una cultura de paz en Honduras”. Su deber es velar porque el ejercicio del poder no sea utilizado para satisfacer sus ambiciones, ni para el tráfico de influencias, tampoco para los arreglos corruptos bajo la mesa, sino para procurar la justicia y el bien. Y los gobernados estamos llamados a hacer realidad los postulados que hacen grande a un ser humano y a renovar los principios de la convivencia solidaria y armónica entre nuestra gente. Todos tenemos el desafío patriótico y la obligación moral de procurar la honradez y la dignidad, requisitos éstos sin los cuales no es posible ampliar las perspectivas de desarrollo de nuestro país. Los hondureños hemos sido víctimas de los abusos de quienes ostentan el poder y de los excesos de aquellos que han gobernado nuestro país en distintos momentos históricos. Son ellos los que han plantado el odio y cultivado la corrupción. No tiene por qué haber más cabida para estas prácticas. Provoquemos vientos de cambio y hagamos nuestra la exhortación de los grandes líderes nacionales y de personajes de talla mundial de “hacer el bien sin pausa y sin descanso”. Éste es un llamado directo para el presidente electo, Nasry Asfura, y para los diputados que recibieron el voto mayoritario de los hondureños en los comicios de noviembre de 2025. MIRA ADEMÁS: Editorial HRN: ¿Dónde estamos y hacia dónde vamos? A propósito, se han comprometido a llevar a cabo una concertación de altura y de madurez democrática y política, con el fin de integrar un Congreso Nacional verdaderamente deliberante, no manchado por la opacidad, los abusos, el autoritarismo, el sectarismo, la violación descarnada de las leyes y la obcecación por usurpar el poder. Para que no se repitan los capítulos aciagos de la historia de nuestro país, es necesario que Honduras sea conducido por la senda de la justicia, la paz y la democracia. TAMBIÉN: Editorial HRN: Alternancia en el poder y democracia debilitada