Con apenas un especialista en cirugía vascular para atender a toda la población de derechohabientes del Seguro Social de Tegucigalpa, y con solo un cardiólogo en consulta externa durante el día para atender a cientos de pacientes, es evidente que el acceso a la salud universal dejó de ser en Honduras un derecho humano fundamental.
Mientras más de un millón y medio de hondureños tienen un acceso limitado o condicionado a los servicios públicos de salud, el Estado de Honduras apenas invierte 100 dólares por persona que necesita atención sanitaria, en contraposición con el promedio de inversión en América Latina que es de casi 400 dólares por persona.
Que sólo haya un cirujano plástico para toda la población derechohabiente que acude al hospital del Seguro Social en Tegucigalpa supone una brecha desproporcionada en el acceso a un especialista.
La dolorosa realidad que expone la debilidad de un sistema colapsado por las profundas desigualdades y falencias estructurales y sociales, que superaron los beneficios que como país capitaliza el hecho de tener una población sana, dentro de un sistema en el que el acceso a la salud sea un derecho y no un privilegio.
Las largas filas de pacientes, en la madrugada, en busca de una cita que en los casos más extremos conseguirán seis o siete meses después, evidencia la pobre capacidad de gestión de un sistema desbordado, que le ha cerrado las puertas a los servicios de salud a la población hondureña en general. La crisis profunda y la tragedia sanitaria expresada en esas inhumanas filas que cientos de pacientes tienen que hacer diariamente.
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Un dato que además deja en evidencia el fracaso del Estado en la gestión de la salud pública, es que sólo el 3 por ciento de la población hondureña esté cubierta por un seguro privado.
Comatoso es, parafraseando el estado del sistema sanitario nacional, qué dentro de esas deficiencias del sistema, sólo el 3,8 por ciento del presupuesto global de salud sea destinado para la compra de medicamentos y material quirúrgico, en tanto un hospital del Estado no puede disponer de los fondos para contratar un tan solo nefrólogo más, para que el único especialista en esa rama de la medicina, no tenga que atender a, por ejemplo, un promedio de 500 pacientes renales.
La semana anterior se denunció que en el Hospital Escuela estaban usando batas desechables para cubrir a los recién nacidos por el mal estado de la lavandería, mientras pacientes que acudieron con sus recetas a la farmacia del principal complejo hospitalario del país se quejaban porque no encontraron ni siquiera acetaminofén.
Es injustificable que sigamos sumidos en ese estado comatoso, de postración gerencial, en el que la integración de la atención primaria como punta de lanza, no pueda facilitar con equidad, el acceso a servicios de salud tan vitales.
¿Por qué el acceso universal y equitativo a los servicios de salud dejó de ser un objetivo esencial, que garantizase el bienestar de la población?
Votar por los que nos puedan garantizar la promoción de la equidad como un pilar fundamental de las políticas sanitarias, es el llamado que como medio de comunicación hacemos. Alguien qué, por fin, nos pueda garantizar que todas las personas, especialmente las más vulnerables, puedan acceder y usufructuar de su derecho a la salud.
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