Nuestro sistema educativo público está aplazado en todas las materias. La pobreza de nuestra enseñanza-aprendizaje se ha profundizado en lugar de mostrar un mejoramiento progresivo.

Lo que se ha impuesto en una imperdonable indiferencia ante la necesidad de elevar las condiciones en que nuestros niños y jóvenes son formados en el sistema público y el entorno en que se realizan las tareas de facilitación del conocimiento.

La excluyente cobertura, los altos niveles de deserción, el mediocre rendimiento de los alumnos y el insuficiente desempeño de los maestros, no son simples problemas. Describen las grandes carencias de nuestro sistema educativo.  

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Si hacemos referencia al estado de la infraestructura, el panorama es desolador: un diagnóstico del Sistema de Planificación de Infraestructura Educativa señala que cerca de 4,000 escuelas requieren una intervención inmediata por daños.

No obstante, apenas 14 escuelas han sido priorizadas y no existe información disponible acerca de los establecimientos que han sido objeto de obras de reconstrucción ni del presupuesto ejecutado para ese fin.

Concretamente, se desconoce el estado de la infraestructura de más de 8,000 establecimientos escolares del sector público, que representan más del 40 por ciento de todas las escuelas y colegios a nivel nacional.

Para la ejecución de los trabajos de reparación, conexión de servicios esenciales y provisión de mobiliario de las instituciones educativas se calcula que se necesitaría una inversión de 28,000 millones de lempiras.

Hace tres años, siete u ocho de cada diez edificios escolares debían ser reconstruidos por el deterioro de sus instalaciones o porque su estructura ya se había venido abajo.

Por añadidura, unos ocho mil centros de enseñanza no tenían en aquel entonces conexión a energía eléctrica y alrededor de seis mil establecimientos escolares carecían del servicio de agua potable. La situación no ha cambiado sustancialmente en 2026.

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¿Cómo se explica la falta de diligencia para atender las prioridades del sector educativo, en este caso las condiciones en que nuestros niños y jóvenes reciben clases?

Porque nuestras escuelas deben disponer de estructuras físicas seguras y con la dotación de los servicios básicos que garanticen la permanencia y la salud de la población estudiantil.

Así lo debieron haber comprendido las autoridades gubernamentales de las administraciones anteriores y así tendrían que entenderlo quienes llevan las riendas de la educación en la presente gestión.

Las condiciones desfavorables en que son impartidas las clases y el pobre entorno en que son formados nuestros menores en las escuelas y colegios son muchas y representan una "historia muchas veces contada" y una deuda que nunca ha sido saldada.