El ejercicio del voto representará una oportunidad muy particular en el actual proceso de llevar a Honduras hacia un estado de derecho más fortalecido y hacia una institucionalidad legítima.
Los comicios generales a los que hemos sido convocados más de seis millones de hondureños, no solamente representan un capítulo de la historia democrática nacional, sino una lucha entre la ideología y la democracia participativa; la pluralidad y el absolutismo; y la libertad y el rompimiento de los contrapesos del poder.
Los riesgos de la democracia en Honduras
Organizaciones nacionales agrupadas en un frente de defensa de la democracia han alertado acerca del momento crítico por el que atraviesa nuestro país y, en ese contexto, se han pronunciado sobre el peligro de que Honduras caiga en un estado de autoritarismo del corte más crudo como Venezuela, Cuba o Nicaragua.
Organismos externos, misiones de observación electoral y el mismo Gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han enfocado su mirada en la contienda comicial de Honduras, precisamente por las graves amenazas que se ciernen sobre nuestra institucionalidad.
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Vivimos un entorno de zozobra. Estamos en un punto de inflexión. Los entes que rectoran los procesos de participación popular están bajo asedio, no hay equilibrio en el ejercicio de los Poderes del Estado, el Ministerio Público ha sido instrumentalizado y la cúpula de las Fuerzas Armadas está bajo el señalamiento de haberse politizado.
La preocupación capital está puesta sobre un punto: la lucha en la que no hay que claudicar es por que se realicen elecciones libres, trasparentes y por que los resultados reflejen clara y legítimamente la voluntad expresada por los hondureños en las urnas.
Hay que defender la integridad de las elecciones, salvaguardar la Constitución y las leyes, rescatar la esencia de la democracia que ha sido pervertida por la clase política y alejar los riesgos que se ciernen sobre el derecho de los hondureños a expresar su voz en las urnas.
En más de 40 años que han transcurrido desde que la nación regresó al orden constitucional, la democracia se ha degradado, las instituciones se han debilitado y el equilibrio de los poderes se ha ido derrumbando.
Por esa razón es que los comicios del 30 de noviembre a los que estamos abocados más de seis millones de ciudadanos son cruciales, porque nuestro voto definirá el rumbo del país en todos los órdenes.
Demandamos que los órganos electorales mantengan su independencia; exigimos que las Fuerzas Amadas cumplan fielmente su misión constitucional; y reclamamos a los actores políticos a respetar la voluntad del pueblo expresada en las urnas por encima de cualquier ideología.
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