Más allá del miedo que algunos sectores políticos e ideologizados han infundido a la población para anular su voluntad e intimidar sus acciones, son más los hondureños que estamos listos para unirnos a la caminata convocada por la iglesia.
Necesitamos orar por la paz, la justicia y la democracia. Éste, y no otro, es el propósito de la Confraternidad Evangélica y de la Conferencia Episcopal, cuyos líderes han exhortado a la población para que nos pronunciemos por un país con esperanza y oportunidades.
Somos mayoría los hondureños de bien que queremos que nuestra nación avance y que no siga hundiéndose en la politiquería, en las confrontaciones, en la mezquindad ni en la ruindad.
No debemos dejar que nos invada el temor, mucho menos permitir que el poder sea utilizado como un instrumento para amedrentarnos y para usurpar la voluntad del pueblo.
Por la paz, la justicia y la democracia en Honduras
Los sacerdotes católicos y los predicadores evangélicos han alzado su voz para crear conciencia crítica entre la población sobre la necesidad de enrumbar nuestro país por el camino de la verdad, de la luz y de la justicia.
Los personajes de mente maquiavélica que se han enquistado en el poder político, y que se han dado a la tarea de sembrar la cizaña, el odio y la contienda, han lanzado feroces ataques. ¡Cuánta bajeza!
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Estos sectores de choque no se han conformado con armar y enviar amenazas a muerte a los jerarcas religiosos que han tomado la iniciativa de organizar, guiar y promover una manifestación popular para poner nuestra nación en manos de Dios, de cara a las justas electorales del 30 de noviembre.
En lo que podemos considerar una expresión de intolerancia y un acto de repudio, esta semana fueron colocados en diversos puntos de la capital varios rótulos con mensajes de descalificación en desmedro de los líderes religiosos.
“Fuera traficantes y mercenarios de la fe. La religión no debe ser utilizada contra el pueblo”. Estos mensajes ofensivos, reivindicados por el Movimiento Popular Hondureño, sólo demuestran el grado de confrontación a que ha dado lugar el régimen que gobierna el país bajo la sombra de un poder concentrado que pone en peligro nuestra democracia.
Estamos en un momento de inflexión y en una etapa crítica para la definición de nuestro futuro. Somos mayoría quienes nos pronunciamos por rescatar la institucionalidad y el Estado de Derecho de Honduras.
Entonces, este sábado alcemos una sola voz por la paz, la justicia, la libertad y el rescate de la democracia. Honduras no debe seguir cayendo en las profundidades del absolutismo, de la represión, de la censura y de la ideología sin razón que nada más nos mantendrá en la pobreza, la inequidad y la impunidad.
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