Entre 15 mil y 20 mil profesores están desempleados en Honduras, sin una oportunidad de conseguir una plaza en el sistema educativo público, mientras 3,500 escuelas funcionan bajo el esquema unidocente.
Cada año, entre 4 mil y 5 mil nuevos maestros egresan de la Universidad Pedagógica Nacional, mientras unos 8 mil centros educativos cuentan con apenas dos docentes para más de 100 mil 300 alumnos que reciben clases bajo esas limitantes pedagógicas.
Una realidad contrastante que refleja una de las conspiraciones más grandes contra el derecho que tienen los niños y jóvenes de Honduras a ser educados en condiciones de inclusión y calidad, y a miles de profesionales de la educación a que se les garantice también su derecho a trabajar en lo que el Estado invirtió en su formación.
Hay más de 67 mil docentes impartiendo clases en el sistema pero deberían ser 80 mil los que mínimamente necesitamos para atender una población estudiantil que hace ya un buen tiempo atrás, sobrepasó los 2 millones de alumnos.
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La prevalencia de las cifras negativas y los números en rojo que histórica y estadísticamente han impactado la educación pública de Honduras.
Más de 20 mil docentes, extraoficialmente, no tienen trabajo en el país, y las posibilidades de obtener una plaza en el sistema educativo son extremadamente remotas.
Al ritmo en el que los gobiernos de turno abren más plazas, resultará casi imposible que esos miles de profesores desempleados, puedan lograr un empleo en el sistema. Son cifras que por sí mismas ya no solo suponen datos preocupantes de precariedad laboral.
Son un fiel reflejo de la crisis estructural en la que ha estado sumido el sistema. Hay unos 12 mil docentes que en laboran en la escuela pública en la modalidad uni y bidocente mientras anualmente son contratados un poco más de 200 maestros.
De ahí que ensanchar el déficit de profesores va para largo, mientras la cantidad de maestros desempleados se mantendrá o superará las cifras actuales.
Algo evidentemente no se ha hecho bien en los últimos años. Que haya semejante cantidad de desempleo en el gremio magisterial es contrastante, pero injustificable es, que necesitando docentes, el Estado haya perdido la visión y misión de priorizar esas necesidades.
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Costa Rica, con una población estudiantil de un poco más del millón 100 mil estudiantes, tiene contratados 58 mil docentes que laboran en los 5 mil 200 centros educativos públicos que funcionan en el sistema público mejor evaluado de la región, y uno de los mejores del continente.
En Honduras, con más de 23 mil escuelas y colegios públicos, hay profesores que atienden más de 50 alumnos por grado, y en más de 3,500 escuelas, que en pleno año 2025, todavía funcionan bajo el esquema unidocente.
Vaya contradicciones mientras los políticos del patio insisten en hablarnos de condiciones para cambiar la vida de la sociedad hondureña.
Sin inclusión y equidad, sin educación de calidad, y con igualdad de oportunidades y respeto a todos los derechos de la persona humana, nuestro desarrollo y estándares de bienestar colectivo, seguirán siendo una quimera, una desilusión casi que peremne.
Hasta cuando entenderemos que es el conocimiento y la oportunidad que da la educación de calidad, lo que impulsa el progreso económico y el bienestar integral y colectivo.
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