La indiscriminada tala y la quema del bosque han creado condiciones climáticas extremas en Honduras, casi convertido en un desierto con una población de más de diez millones de personas cuya existencia está seriamente amenazada. Estamos bajo emergencia ambiental, en virtud de la destrucción acelerada de nuestros recursos forestales, la causa principal de la peligrosa contaminación del aire, las asfixiantes temperaturas, el agotamiento de las fuentes de agua, la falta de lluvias regulares y prolongados períodos de sequía. El estado de alerta por el desequilibrio ecológico que enfrentamos debió haber sido declarado mucho antes, desde que la destrucción de los recursos forestales se volvía sistemática y el cambio climático dejaba su huella indeleble. Es un imperativo que todas las acciones que han sido acordadas al más alto nivel para proteger el bosque sean de cumplimiento efectivo antes de que venga a nosotros una catástrofe provocada por nosotros mismos. El plan de acción está encaminado a desentrañar la asociación entre la criminalidad ambiental, las actividades comerciales ilícitas, ganadería extensiva y el cultivo de droga, especialmente en Olancho y en La Mosquitia. Hasta ayer se habían reportado 2,799 incendios y una superficie afectada de 219,399 hectáreas a nivel nacional, con mayor devastación en Olancho, Francisco Morazán, Yoro, Comayagua, El Paraíso y Gracias a Dios. No debe haber tolerancia para los criminales que le han metido fuego a La Tigra en esta capital, al Merendón en San Pedro Sula, y a la Sierra de Agalta, en Olancho, sólo para citar algunas de las zonas que son vitales para el equilibrio ecológico en nuestro país. Los responsables de la inmisericorde depredación del bosque tienen que ser perseguidos sin tregua. Sobre ellos debe caer todo el peso de la justicia. Estamos frente a una hecatombe y ante un escenario apocalíptico: la devastación de nuestros bosques con todas sus impredecibles consecuencias. Las infernales temperaturas, la contaminación del aire en niveles que nunca antes se habían reportado, la ausencia de lluvias, el agotamiento de las fuentes de agua y el deterioro de nuestros suelos, sólo son principios de dolores. En medio de este desolador escenario, hay una esperanza, una luz, una oportunidad de revertir el desastre ambiental: la campaña Plantatón, inaugurada ayer en su edición 2024. Es una iniciativa responsable y comprometida; una acción respaldada por el sólido e indiscutible liderazgo de la Corporación Emisoras Unidas-Televicentro y acompañada por la Alcaldía del Distrito Central y de Las Fuerzas Armadas. Juntos formamos la “tropa verde” y representamos la voz que proclama la preservación de los recursos forestales como nuestra “alternativa de vida”. La sentencia es inapelable: O hacemos algo, todos sin excepción alguna, para rescatar nuestros recursos forestales o nos preparamos para desfallecer como producto de la tala y quema de nuestra riqueza forestal.