Un día sin electricidad supone para la economía nacional entre diez y veinte millones de lempiras perdidos, y una factura de energía sobrevalorada en un 30 por ciento termina electrocutando el bolsillo del consumidor.

Esta semana, las autoridades de la ENEE se vieron obligadas a reconocer la falla y pedir disculpas a la población por los injustificados y excesivos costos en no menos de 150 mil facturas emitidas en abril y mayo, justo los meses en los que los apagones se ensañaron contra los sectores industrial, comercial y residencial del país.

Más de ocho mil reclamos de igual cantidad de clientes, que registraron un incremento en su consumo en más del 30 por ciento, orillaron a la estatal eléctrica a asumir su responsabilidad y anunciar las medidas a través de las cuales esperan subsanar lo que en principio intuyen es un error, en tanto, desde el STENEE, asocian con los inveterados y cuestionados procedimientos de la lectura automática y el consumo promedio.

Es lo de nunca acabar. El cortocircuito operativo y financiero del subsector eléctrico nacional, que en el último año reportó pérdidas por más de 22 mil millones de lempiras, sin incluir las pérdidas que por su lado registra la economía nacional, y que según cálculos del sector industrial, rondan los 8 mil millones de lempiras anuales.

¿Y el tal plan de rescate?, ¿y las medidas de compensación social que desde el gobierno, nos decían, irían más allá de la dispensación del pago de la factura cuando el abonado no consuma más allá de 150 kilovatios?

Pues el prometido como cacareado plan de rescate quedó durmiendo 'el sueño de los injustos', y la opacidad, improvisación, desconocimiento y falta de planificación, han terminado de hacer el resto. 

Sus consecuencias las hemos estado pagando en más de doce horas de racionamientos y tenebrosos apagones, y ahora, en los cobros excesivos que les han sido cargados a no menos de 150 mil abonados.

La situación ha ido, entonces,  de mal en peor. El año pasado, el déficit acumulado de la ENEE fue de 76 mil millones de lempiras, el más alto de la historia, y la deuda con los generadores privados rozó los 20 mil millones.

En los últimos años, el sector energético siguió en caída libre, sin que la actual gestión pudiera revertir la situación de crisis y colapso operativo y financiero. En el 2022, las pérdidas de la estatal eléctrica sobrepasaron en 6 mil 175 millones de lempiras a las reportadas en el último año de Gobierno del Partido Nacional. Es decir, las cosas en lugar de mejorar, o siquiera, estabilizarse, empeoraron.

A la mitad del Gobierno de doña Xiomara, continuó campeando la improvisación y la falta de planes de contingencia. El fantasma de las compras directas siguió provocando cortocircuitos. Al fin y al cabo, las crisis amolan a 'los de a pie', pero siempre terminan siendo oportunidades para los que las provocan.