A la luz de la evidencia histórica, las consecuencias del desempleo en el país han sido devastadoras. La falta de trabajo golpea a unos tres millones 300 mil hondureños, mientras cerca de tres millones de personas en edad de trabajar, el 73 por ciento de la Población Económicamente Activa, está bajo el parámetro de inestabilidad o precariedad laboral.
Más del 44 por ciento de esa población activa no tiene un empleo y ocho de cada diez compatriotas apenas subsisten en el sector informal. Un serio problema, económico y social, en el qué solo nos hemos quedado revisando indicadores y comparando cifras.
Mientras se volvía una olla de presión, en tanto cada año unos cien mil jóvenes más se han ido sumando a esa población económicamente activa sin oportunidad en el mercado laboral, el abordaje del fenómeno terminó reduciéndose o enclaustrándose nada más en el análisis de las causas, en la exposición de las variables e indicadores comparativos, y lo que es moneda de curso corriente en Honduras, la búsqueda de los culpables, de que cada año en el país se pierdan entre 80 mil y 90 mil fuentes de trabajo.
Pero aquí ya no vale, como lo decíamos en un comentario anterior, llorar sobre la leche derramada. El deterioro del mercado laboral, que impacta a millones de hondureños, ya ha sido suficientemente abordado desde sus variables y causas.
Semanas atrás la titular del Ejecutivo aceptó por fin la invitación que reiteradamente le venía haciendo el sector empresarial para sentarse a trabajar en una estrategia articulada entre Gobierno y empresa privada para generar empleo masivo en Honduras, y recuperar en principio, las miles de fuentes de trabajo que se perdieron durante y después de la pandemia de covid-19.
A finales de la semana pasada el presidente de la Cámara de Comercio de Tegucigalpa nos contaba que las mesas de trabajo de uno y otro sector, ya comenzaron a ser estructuradas.
Eso es lo que necesitan que se haga por ellos, los más de 500 mil hondureños desalentados por no encontrar trabajo después de varios meses de andar buscando un empleo.
Es la hora de que la actual administración del país marque la ruta de su agenda proempresarial, a favor del emprendimiento, de la atracción de inversión y generación masiva de puestos de trabajo.
La disposición a asumir su rol de actor junto al sector empresarial, es un buen presagio y un bálsamo de expectativas para esos 700 mil hondureños que sufren por no poder encontrar trabajo.
Miren, el desempleo detona una bomba de problemas, que impactan fuertemente no solo en el tejido económico y social, sino también en la psiquis y la mente de los que no pueden conseguir un empleo.
Manos a la obra entonces, gobierno y empresa privada, teniendo claro que el crecimiento y desarrollo se cimenta sobre bases de políticas públicas, y teniendo bien identificada la estructura productiva del país como el punto de partida para comenzar a trabajar en las soluciones que la grave crisis de desempleo requieren.
La institucionalidad estatal, el sector empresarial, y todos los actores que son la sociedad hondureña, tienen, sin más excusas y dilaciones, delinear las acciones requeridas para que la economía hondureña no solo llegue a alcanzar un día no lejano, todo su potencial de crecimiento, sino que también, y por fin, nos enrumbemos en la ruta de la equidad y las oportunidades para todos.

