Las mujeres, cuyos indicadores de igualdad de género en el mercado laboral retrocedieron dramáticamente en los últimos años, siguen pagando, quizás, la factura más cara que el desempleo y la falta de oportunidades cargan contra la sociedad hondureña.
Ganan en promedio un 13 por ciento menos que los hombres, cuando están empleadas, y en los últimos dos años, su participación laboral bajó del 48.7 por ciento a un 40 por ciento.
Una franca desventaja, en un mercado laboral que sigue conspirando contra su derecho a tener un trabajo digno y bien remunerado.
Son más de 130 mil féminas que están dentro de la Población Económicamente Activa, que en Honduras no pueden conseguir un empleo formal. Representan casi el 10 por ciento de la población en edad de trabajar, y que pagan con sufrimiento, las dolorosas consecuencias del desempleo que Honduras registra.
Mientras la falta de trabajo golpea a unos tres millones, 300 mil hondureños, y mientras cerca de tres millones de personas en edad de trabajar, viven bajo el parámetro de inestabilidad laboral, la participación de la mujer hondureña en el sector laboral formal disminuyó en los últimos tres años, en un 8 por ciento.
Más del 44 por ciento de la población económicamente activa no tiene un empleo, y ocho de cada diez compatriotas apenas subsisten en el sector informal. Un alarmante porcentaje en esos datos e indicadores a la baja, tienen rostro de mujer.
Un serio problema, tanto económico como social, que provoca un tsunami de consecuencias de diferentes pero monumentales magnitudes.
Con semejante contingente en edad de trabajar sin empleo, y con menos oportunidades en comparación con los hombres, el desempleo femenino se ha vuelto una olla de presión para el país, una peligrosa ebullición, en tanto cada año miles y miles de mujeres profesionales se van sumando a esa población económicamente activa que el mercado laboral nacional no tiene la capacidad de absorber.
Y eso implicará entonces, que tanto las perspectivas negativas respecto al crecimiento económico del país, se podrían convertir en riesgos sumamente altos para la estabilidad del tejido social del país.
Por ello es que nos ha alarmado más un informe que la semana anterior divulgó la Comisión Económica para América Latina, CEPAL.
Honduras no solo lidera hoy el aumento del índice de pobreza a nivel latinoamericano, sino que además estamos en la cola en el Índice de Feminidad de la Pobreza.
Es decir, las mujeres hondureñas son las más pobres de América Latina y el Caribe. Y es el desempleo el que genera esas consecuencias y es el desempleo el que detona una bomba de problemas, que impactan fuertemente el tejido económico y social del país.
El deteriorado mercado laboral impacta a la población en general, y lo peor es que la clase política gobernante no parece reaccionar.
En el estado de indefensión laboral en el que están sumidas, las mujeres hondureñas han pedido a los diputados en el Congreso Nacional que apuren la discusión y aprobación de la Ley de Empleo Parcial como una medida urgente para reactivar la contratación de personal bajo una modalidad especial laboral.
Es la hora de priorizar el empleo masivo y definir una agenda clara para revertir los oscuros indicadores que se ciernen como las peores amenazas para Honduras. Frenar la escalada de desempleo es hoy un asunto de emergencia nacional.
Honduras no podrá crecer de otra forma si no es generando puestos de trabajo que ayuden a reducir la pobreza y mejoren los ingresos de los hogares.

