La impulsiva y antipatriótica derogación de la Ley de Empleo por Hora, en 2022, mandó a la calle a más de 40 mil trabajadores. En un año, y después de la liquidación de la figura laboral que benefició a miles de jóvenes hondureños, la cifra de asalariados, según datos del Cohep, bajó de 1 millón 888 mil a 1 millón 866 mil personas. Es decir, una reducción de 22 mil 300 plazas.
Las nefastas consecuencias de las decisiones tomadas por la clase política gobernante, y qué como las peores conspiraciones en la historia del país, a quienes le pasan la factura más cara es al pueblo hondureño.
Eliminar instrumentos laborales especiales como el empleo por hora, es lo que ha sumido al 73 por ciento de la Población Económicamente Activa, en el parámetro de inestabilidad o precariedad laboral.
Han sido decisiones como esa, cuando se antepone la ideología o el revanchismo sectario sobre el hambre de la gente, lo que ha provocado que en Honduras más del 44 por ciento de la población activa no tenga un empleo, y que 8 de cada 10 compatriotas apenas subsistan en el sector informal.
Hoy, en el país, la falta de trabajo golpea a unos tres millones, 300 mil hondureños, mientras cerca de tres millones de personas en edad de trabajar, viven bajo la sombría figura de la precariedad laboral.
Y mientras la olla de presión entra en más ebullición con el rompimiento de relaciones políticas y comerciales con países, que, como Taiwán, venían siendo la tabla de salvación para nuestras exportaciones y productores nacionales, los comerciantes e industriales hondureños ya han comenzado a pagar el precio de la invasión de productos y negocios chinos, en un escenario de competencia desigual y profundos desequilibrios comerciales.
Honduras, y sus principales y más sensibles indicadores, han ido en los últimos años en caída libre. El deterioro del mercado laboral, que impacta a millones de hondureños, es solo un reflejo.
El déficit de Honduras en su comercio exterior de bienes alcanzó los 5 mil 434 millones de dólares al mes de agosto de este año, mientras las exportaciones del país, al primer semestre del 2024, habían caído en casi un 6 por ciento.
La cifra de más de 500 mil hondureños desalentados porque no encuentran un trabajo después de varios meses de andar buscando, es igualmente devastadora.
Con semejantes indicadores, y en este escenario de país, cada día más sombrío y desalentador, es hora de que la clase política gobernante de Honduras reaccione frente a lo que parece ser el colapso total de la nación.
Es urgente que alguien, por fin, pueda marcar la ruta de la agenda nacional para reflotar la economía, incentivar el emprendimiento, atraer la inversión y comenzar a generar las condiciones para recuperar los puestos de trabajo perdidos, y por fin, superar la meta de generación anual de nuevas fuentes de empleo que en el país no pasan de las 10 mil.
Miren, el desempleo es un detonante de problemas sociales de imprevisibles consecuencias.
Enfrentar semejante monstruo estructural y de mil cabezas, sin más dilaciones y excusas, es un asunto incluso de supervivencia de la clase política hondureña.
Y sí por si acaso, la actual institucionalidad ya se dio cuenta por fin que son gobierno, esta es entonces la gran oportunidad de demostrar que llegaron ahí por su diligencia, su compromiso, y la capacidad de “timonear” este barco que cada día parece ir más a la deriva.

