En el 2022, el gobierno de El Salvador logró renovar el 100 por ciento de las camas hospitalarias en todo su sistema público de salud. Durante la pandemia del Covid, El Salvador había construido el hospital más grande en América Latina con más de 400 camas para atender a las víctimas de la mortal pandemia.
En los 30 hospitales públicos que funcionan en El Salvador, se construyeron modernas y cálidas salas de descanso para todo el personal sanitario.
Y al finalizar este año, la administración Bukele se apresta a inaugurar la nueva infraestructura del simbólico Hospital Rosales, el mayor complejo hospitalario en el hermano país centroamericano, dotado de 87 consultorios, un área de hemodiálisis para hacer 80 diálisis a la vez, 44 salas de procedimiento quirúrgico con equipamiento médico de última generación.
Con 29,1 médicos por cada 10 mil habitantes, El Salvador es por lejos, el país con la mayor densidad de profesionales de la medicina en la región centroamericana. Nicaragua tiene 77 hospitales nacionales y regionales operativos, para una población de 6 millones 800 mil personas, con 6,6 médicos por cada 10 mil habitantes.
En el ya lejano 1993, Honduras construyó el último hospital público, y desde el año de 1882 a la fecha, sólo se construyeron 28 hospitales, entre nacionales, regionales y de área. Mientras Costa Rica tiene 27, 7 médicos por cada 10 mil habitantes, Honduras está a la cola en Centroamérica y a nivel continental con sólo 4,89 médicos.
Por eso es que aquí, un hondureño de a pie, como los que hace dos días atrás, abarrotaron las instalaciones del Hospital general San Felipe, tienen que esperar hasta 8 meses para conseguir una cita con un médico especialista.
La cruda realidad del país. Las descarnadas consecuencias de un Estado que no invirtió en la salud universal. Los efectos de tener una institucionalidad gobernante, qué a la luz de la evidencia, consideró siempre que el gasto público en salud, era más bien una sobrecarga económica.
Sin siquiera una cama hospitalaria por cada mil habitantes, en Honduras la inversión en salud nunca fue entonces una prioridad.
Y cuando un país no puede acercarse a la todavía modesta media de la OMS, de 2.5 camas hospitalarias por cada mil habitantes, quedamos entonces exhibidos como nación y como institucionalidad gobernante, en cuanto a la falta de inversión en salud y acceso a un sistema hospitalario digno y eficiente.
Nicaragua, el país que siempre hemos creído es más pobre que nosotros, tiene 12 camas hospitalarias por cada 10 mil habitantes.
Por nada es que el gasto en salud de Costa Rica, que es del 7.2 por ciento de su Producto Interno Bruto, se ve reflejado en los 27. 7 médicos contratados por el sistema sanitario público del hermano país centroamericano, para atender a un promedio de 10 mil habitantes.
El pobre gasto en salud de Honduras apenas roza el 3.6 por ciento de su Producto Interno Bruto. De ahí que tengamos 4.89 médicos para 10 mil habitantes. Somos junto a Nicaragua, los únicos dos países de la región donde la densidad de médicos no supera la media de los 10 galenos por cada 10 mil habitantes.
La institucionalidad gobernante de turno no diagnosticó ni pronosticó que ampliando la cobertura hospitalaria y de los servicios de salud esenciales, no solo sanaría a la población enferma, sino que además, contribuiría, con una población sana y con acceso a atención médica preventiva, a reducir la pobreza y promover desarrollo económico.
Por eso es que tenemos una tasa anual de 108 muertes maternas por cada 100 mil nacidos vivos. Las inversiones en infraestructura hospitalaria, en cobertura sanitaria y en protección social, nunca se constituyeron en pilares para el crecimiento económico y el bienestar colectivo.
El pueblo hondureño merece que el aumento del gasto público en salud, no solo mejore su pronóstico de vida, sino que además ensanche la brecha de igualdad de oportunidades.
Es inaceptable, es deshumanizado, que hayan compatriotas que tengan que esperar hasta un año para obtener una cita con un especialista, o que se les tenga que postergar una operación quirúrgica por la falta de algodón.
Tenemos prohibido olvidar que aún hay hondureños que siguen muriéndose a la entrada de los pocos hospitales públicos que tenemos.

