La negociación del Tratado de Libre Comercio con la República Popular China vuelve a encender las alarmas, particularmente para las pequeñas y medianas empresas hondureñas.

Los riesgos que la competencia de productos chinos de bajo costo acarrearían, además, de las consecuencias que derivarían de la poca experiencia de Honduras en tratados de ese calibre, vuelven a poner en contexto el estado de indefensión en el que historicamente ha estado el sector de los pequeños y medianos emprendimientos nacionales.

El escenario inmediato que desde ahora vislumbran los expertos, es un mercado local inundado con productos chinos de bajo costo, lo que sacaría de la competencia a los productos y productores nacionales. 

Honduras ha sido historicamente un país carente de políticas públicas enfocadas y orientadas a incentivar, no solo el crecimiento, sino la existencia misma de las pequeñas y medianas empresas, las que apenas se han mantenido a flote, en un escenario marcado por la falta de competitividad, los elevados costos de operación y la imposición de cargas tributarias.

Un reciente informe publicado por la revista Forbes Centroamérica revelaba que guatemala tenía, hasta hace dos años atrás, 479 mil 900 pymes registradas, mientras los datos de Honduras registraban 147 mil 300 pequeñas y medianas empresas en operación.

En el 2023 apenas se registraron 8 mil 300 nuevas pymes, un promedio modesto, que no es más que el reflejo de un escenario dificil y cuesta arriba para los pequeños y medianos inversionistas nacionales

Las condiciones, entonces, en las que operan las pymes en el país son duras, con un marginal y limitado acceso a fuentes de financiamiento, a pesar de que los activos del sistema financiero privado de Honduras superaron el año anterior, el billón de lempiras.

La cartera crediticia de los bancos privados del país sobrepasa los 630 millones de lempiras, pero lamentablemente la misma es destinada a financiar y fomentar el consumo.

Los incrementos en la tarifa de la electricidad, los ajustes al salario mínimo, la aplicación de impopulares medidas económicas como la tasa de seguridad y el rompimiento mismo de los techos de cotización del seguro social, contribuyeron a través de los tiempos, a agudizar el estado de depresión de las micro y pequeñas empresas.

Los pequeños emprendedores no han pasado, casi que nunca, por tiempos de bonanza. La crisis, la falta de apoyo, han afectado el desarrollo y el sostenimiento de estas unidades económicas, que paradogicamente, tienen una alta participación en la  generación de empleo y un fuerte efecto socioeconómico en el país.

El desafío es entonces enorme. Más allá de que el Consejo Hondureño de la Empresa Privada, haya activado, en un momento histórico, mecanismos para incorporar a las mipymes, como el consejo nacional de la micro y pequeña empresa, y que las mypimes integren activamente distintas comisiones  que visibilizan su representatividad y presencia, los emprendedores han resentido siempre el escaso apoyo de los gobiernos de turno. 

Los representantes de la economía social tienen la certeza que al más alto nivel político no ha habido voluntad para reflotar los pequeños emprendimientos.

Y en un país, que sobre cualquier cosa lo que necesita es generar empleo, seguir  privilegiando el financiamiento y sostenimiento de una economía burocrática, no permitirá consolidar la existencia de una economía social productiva, no logrará mantener a flote la competitividad empresarial, sólo para seguir sosteniendo el excesivo gasto corriente y el bárbaro consumo.