Si una luz de alerta se debió haber encendido para nosotros, con lo que ha pasado en el hermano país de Venezuela, es el papel involutivamente protagónico que ha jugado en el cuestionado proceso, su Consejo Nacional Electoral.

Además de su alineamiento con el chavismo gobernante, la veloz declaratoria que hizo el órgano electoral venezolano, de Nicolás Maduro como ganador del a todas luces, viciado proceso, deja una vez más en evidencia, que los órganos electorales siguen lejos de ser los garantes de los procesos comiciales, y que su  autonomía e independencia continúa adscrita a los partidos políticos, y sobre todo, a sus caciques y jeques. 

Si una mirada retrospectiva podemos echarle al proceso comicial venezolano del pasado domingo, es que la autonomía e independencia de los órganos electorales, de nuestros órganos electorales, sigue siendo una utopía, un proceso inacabado; la peligrosa dependencia de los órganos electorales, y la membresía en forma de fierro marcado, de los consejeros electorales con el partido o el bipartidismo gobernante.

Una luz de alerta se ha encendido en Honduras, porque lo que pasó el domingo anterior en Venezuela es lo que lamentablemente hemos venido arrastrando en Honduras.

Procesos comiciales viciados y cuestionados por la deslegitimación moral y ética de los órganos electorales, que contaminados de sesgo partidista, han alterado gravemente los resultados, provocando un impacto político lesivo y destructivo para la estabilidad democrática.

Lo que pasó en Venezuela ahora es lo que nos ha estado pasando a nosotros. Las consecuencias de la politización de los órganos electorales nacionales, al servicio de las camarillas de poder de turno, como ha sucedido ahora con el Consejo Electoral Chavista Venezolano, hacen que la luz roja de alerta máxima se encienda en Honduras, a dos meses de que aquí el politizado Consejo Nacional Electoral convoque de nuevo a elecciones al pueblo hondureño, mientras los cacareados procesos de “ciudadanización” y "autonomía e independencia" de los mecanismos electorales, como la imparcialidad electoral y la incorporación de nuevos actores a la toma de decisiones políticas, terminaron siendo retórica proselitista.

Así las cosas, entonces, como en Venezuela y como en  Honduras, lo que nos ha dejado la instrumentalización de los políticos, son órganos electorales que además de ser dependencias gubernamentales, se adhirieron como sucursales, a los partidos políticos con control absoluto del Congreso Nacional

El fraudulento proceso comicial venezolano hace que la luz roja de alerta electoral se vuelva a encender en Honduras.

La dependencia y parcialismo del Consejo Nacional Electoral hacia los partidos políticos, así como la  centralización de las actuaciones de sus consejeros alrededor del sistema presidencialista de gobierno, nos obligan a actuar y a abrir bien los ojos, para que en los comicios generales del 2025, como ocurrió ahora en Venezuela, los políticos del patio no nos vuelvan a salir con “otro domingo siete”.