No hay distancia que no se pueda recorrer ni meta que no se pueda alcanzar. El hecho de que en este 2025, todavía vayamos a tener solo 8 de cada 100 alumnos con un desempeño aceptable en matemática, no quiere decir que haya que "tirar la toalla" en la tarea institucional de instaurar una educación con calidad en el sistema educativo público.
El nivel de desencanto del estudiantado olanchano, el que, según un reciente estudio de la Universidad Pedagógica, sólo está pensando, en una gran mayoría, en emigrar a los Estados Unidos de América, no debe bloquear los esfuerzos académicos ni estatales de retener a los estudiantes en las aulas.
Y si entre 60 mil y 70 mil jóvenes sigan abandonando cada año la educación formal en busca de las oportunidades que no encuentran en las aulas de clases, como sociedad, no podemos bajar los brazos ni claudicar, en el objetivo nacional de revertir los indicadores de nuestra realidad educativa.
Hoy, más que nunca, nos urge sembrar para el futuro, y la educación de calidad es la simiente. La monumental tragedia académica, que agrava las condiciones sociales y económicas, y que conculca el derecho a la niñez y juventud del país, no puede seguir siendo una especie de "Estado de derecho" en Honduras.
Es la hora de hacer un frente común contra las conspiraciones promovidas por un sistema que secuestró el derecho al que llaman el futuro de Honduras.
Emisoras Unidas y Televicentro, los medios de comunicación más comprometidos con Honduras, exhortamos a todos los sectores a "hacer arder" el enunciado de bienestar común y colectivo, de que el futuro de esta nación debe estar supeditado y determinado por la calidad de su educación y la extensión de su sistema educativo.
Necesitamos "recuperar la memoria" de que el crecimiento económico y el fortalecimiento del empleo es el resultado de un capital humano calificado y formado bajo los parámetros de una educación con calidad.
Estamos a tiempo de poner a la juventud y a la niñez en edad escolar en el centro de nuestras prioridades como sociedad, de garantizarles las condiciones y herramientas para qué a través de una educación formal y pertinente, puedan incluso recuperar la esperanza.
Que ya no sean en cada período escolar, 400 mil o más los niños y jóvenes que se queden fuera del sistema educativo público.
Combatir estructural y decididamente una de las conspiraciones más grandes contra la inclusión y equidad que en Honduras se ha cebado. Se trata del derecho de todos y de nuestra juventud y niñez a aspirar a mejores expectativas de bienestar y calidad de vida.
La concepción de una sociedad democrática e inclusiva, respetuosa del ser humano, y sobre todo, de la niñez y juventud, solo tomaría forma cuando no sean sólo 31 de cada 100 jóvenes, los que tengan la oportunidad de acceder a un centro educativo.
Sin educación de calidad y sin igualdad de oportunidades, el desarrollo económico y social seguirá siendo una quimera. Es el conocimiento y la oportunidad que da la educación de calidad, lo que, probadamente, impulsa el >económico y el bienestar común y colectivo. De lo que se trata es de sembrar para el futuro.

